La Esclusa, 1621: un asedio entre lodos y hielos

Esta entrada trata un episodio poco conocido de la Guerra de Flandes; el primero de importancia tras la Tregua de los 12 años: el intento español de ocupar la isla de Cadzand, en la desembocadura del río Escalda, para sitiar posteriormente la ciudad de Sluis (llamada la Inclusa, o Esclusa, en las narraciones españolas de la época). La operación resultó un fracaso, pero quedó encubierta en gran medida por el éxito de Ambrosio Spinola, capitán general del ejército español de Flandes, en el asedio de Jülich, o Juliers, un plaza de valor estratégico y simbólico superior al de Sluis. Merece la pena, sin embargo, tratar con algo de profundidad esta operación, clave para entender las dificultades que entrañaba el asedio de plazas fuertes en entornos pantanosos y las penurias que sufrían los soldados.

Sluis 1604

El ejército español acude al socorro de Sluis en 1604 (anónimo flamenco).

Existe una fuente de primera mano sobre la operación española en Cadzand, la autobiografía del soldado asturiano Domingo Toral y Valdés, que sirvió en Flandes de 1615 a 1623 y posteriormente pasó a las Indias Orientales, donde padeció toda clase de penurias antes de emprender un duro viaje por tierra de vuelta a España desde la India. Lejos del estilo grandilocuente y novelesco de otras obras del mismo género de la autobiografía soldadesca, Toral relata sus vivencias de forma desapasionada y creíble. Por esta razón usaré los pasajes de su texto como hilo de la narración. También recurriré, como elementos de contraste, a las obras de Marcos de Guadalajara y Xavier, fraile carmelita y cronista español, de Albert-Henri de Sallengre, hombre de letras holandés de raícez francesas, y del escritor e historiador Gonzalo de Céspedes y Meneses, también español.

1. De las razones del sitio de Sluis: esta ciudad había sido tomada por Mauricio de Nassau en 1604, mientras el ejército español, al mando de Spinola, estaba ocupado en el sitio de Ostende. Sluis era la principal plaza que los holandeses poseían en Flandes en 1621, que les permitía ejecutar incursiones contra las tierras circundantes en manos españolas, particularmente contra los alrededores de Brujas. Marcos de Guadalajara y Xavier propone en su Historia pontifical y católica que la razón de la invasión de Cadzand fue precisamente atajar las correrías holandesas: “Eran tantos los daños que hacían a los del Condado de Flandes, la guarnición de ella, que se trató se sitiarla”. Sin embargo, sabemos por el Mercure François, una publicación parisina, que la primera correría holandesa tras el fin de tregua la llevaron a cabo, en agosto de 1621, 400 soldados de caballería de las guarniciones de Breda y Bergen Op Zoom contra el Brabante español, mientras que la costa flamenca seguía tranquila.

Cadzand

Situación de la isla de Cadzand en el condado de Flandes (Atlas van Loon, 1664).

En opinión de Sallengere, la operación de Cadzand era una finta que buscaba alejar al ejército holandés de Jülich: “son dessein n’étoit que de diviser les forces des Etats, & de faciliter la prise de Juliers”, escribe. Este parecer resulta más creíble. En verdad, Spinola dividió el ejército español de Flandes en tres cuerpos para distraer y vigilar al holandés: el principal, bajo su mando directo, sitió Jülich en el ducado de Cleves; un segundo se ocupó de la defensa de Brabante, y un tercero, al mando de Íñigo de Borja —castellano de Amberes—, hizo lo propio con el frente de Flandes. Gracias a Toral sabemos, además, que Borja permaneció con sus tropas junto a Cadzand hasta abril de 1622, dos meses después de que Spinola hubiese conquistado Jülich. Pero aunque la tesis de la maniobra de distracción resulte más creíble, no significa que sea correcta.

Toral deja entrever que la decisión de intentar la toma de Cadzand fue complementaria a la del asedio de Jülich. Al retirar Mauricio de Nassau parte de su guarnición con tal de incrementar la fuerza con la que pretendía socorrer esta ciudad de gran valor estratégico, la infanta Isabel Clara Eugenia, su consejo de Estado y tal vez el propio Spinola pensarían que la ocasión para eliminar esa espina rebelde que el Flandes católico tenía clavada era inmejorable.

En Vevere [Beveren], que es un casar dos leguas de Amberes, hicimos plaza de armas 10.000 hombres, acudiendo por retaguardia a guarnecer el dique de Calo [Kallo] y fortificándole, deteniéndonos hasta que el marqués de Espinóla sitiase a Jule [Jülich], con intento que los Estados, sacando las guarniciones de la plazas que ocupaban, socorriesen aquella plaza; y habiendo sacado la que tenían en la Inclusa D. Iñigo de Borja, con la gente de su cargo, que eran 10.000 hombres, tomase la isla de Casante [Cadzand] que casi cerca la Inclusa [Sluis] y quitarle el socorro.

Gonzalo de Céspedes, en su Historia de don Felipe IV, Rey de las Españas, ofrece algunas noticias que parecen confirmar el supuesto de Toral. Más aún, el autor, que llegó a cronista de Felipe IV, sugiere que la corte de Bruselas consideraba más importante la empresa de Cadzand que no el después famoso asedio de Jülich, plasmado sobre varios lienzos encargados por la corte española:

Después que nos ganó la Enclusa, el enemigo, de tal suerte puso su estudio y diligencia en fortificarla y encerrarla con fuertes diques, cortaduras, que casi la hizo inexpugnable, y dio funesto y triste origen a las continuas correrías y hostilidades del país. El sentimiento de su daño tenía al Consejo y a la Infanta tan cuidadosos, que hay quien diga que la accesoria fue Juliers, y este empresa principal, si bien oculta y recatada; porque juzgaron que teniendo Espinola (con nuestro campo) tan divertidas y apartadas todas las fuerzas enemigas, podría mejor ejecutarse o hace en Casante [Cadzand] pie las nuestras.

2. De Sluis y la isla de Cadzand: Alonso Vázquez, soldado español y cronista de las guerras de los Países Bajos y Francia en tiempos de Alejandro Farnesio, ofrece una buena descripción de Sluis y su entorno: “es bien se sepa que la villa de la Exclusa es una de las más fuertes e inexpugnables que hay en Flandes, así por los muchos navillos, ríos y fosos que tiene, como por no se le poder quitar el socorro si no es con grandísima dificultad, y tener un castillo tan fuerte como la villa”. En cuanto a Cadzand, no era sino la tierra arenosa separada del continente por el canal de Zwin al oeste, el Escalda al este y varios canalejos que se extendían entre Aardenburg y Ijzendijke por el sur. El entorno era pantanoso y estaba sujeto a la acción cambiante de las mareas y al azote de las tormentas del mar del Norte. Durante el asedio español de 1587, el mar había llegado a tragarse fuertes enteros construidos a flor del agua.

Cadzand Blaeu

Sluis, la isla de Cadzand y las tierras circundantes en el mapa Flandriæ Teutonicæ pars orientalior, parte del Theatrum Orbis Terrarum, obra de Willem y Joan Blaeu (1645).

Si obviamos que Cadzand era el único terreno lo bastante firme entre los tremendales para asediar Sluis desde el este, la isla carecía de valor alguno. Era un lugar pobre, habitado apenas por algunos pescadores, donde era fácil contraer la disentería o el paludismo. Para dar fe de las dificultades que afrontaban los moradores de la isla, inserto un pasaje de las notas que en 1811 escribió sobre la costa flamenca Jean Sarrazin, general de brigada de Napoleón que actuaba como espía para Inglaterra:

Hacia mediados de octubre, cuando las lluvias comienzan, es muy difícil viajar a la isla de Cadzand: la tierra es de una naturaleza muy esponjosa, los caballos se hunden hasta la mitad de sus piernas, y las ruedas del carro hasta el eje , lo que hace el transporte terrestre lento, trabajoso, y muy caro. El agricultor que reside en el interior de la isla está obligado a esperar a las fuertes heladas, o al regreso del buen tiempo, para enviar sus productos a los mercados de los pueblos vecinos.

No debe extrañarnos, pues que el holandés Sallengre escriba que “le païs de Cadsant est un païs ouvert qui n’étoit gardé que par quelques rédoutes dépourves de troupes”. Los mismos holandeses, según queda claro, consideraban improbable un desembarco español en la isla. Pero hechas estas breves explicaciones del entorno, hablemos de los planes españoles, o dejemos que Domingo Toral lo haga.

3. Del plan y su ejecución: Sallengre, en su obra Essai d’une histoire des Provinces-Unies, pour l’année 1621 où la trêve finit & la guerre recommença avec l’Espagne, cuenta que el ejército que quedó al mando de Íñigo de Borja amagó sobre varias plazas holandesas del noroeste del Brabante; Bergen op Zoom, Klundert y Tertoolen. Pronto, sin embargo, toda la fuerza se dirigió a la costa flamenca y se concentró entre Brujas y Damme. El plan consistía en acometer Cadzand por dos flancos. La fuerza principal de Borja avanzaría desde el sur para cruzar el canal junto al fuerte de Santa Catalina y poner pie en Oostburg. Una segunda tropa, al mando de Luís de Aguilar, gobernador de Ostende, marcharía desde el oeste, bordeando la costa con el apoyo de una flotilla de barcas con artillería y pontones para cruzar el Zwin, el canal que separaba Sluis de Cadzand. Las tropas seleccionadas, según Toral, eran las mejores disponibles. Dejemos que hable el asturiano:

En este ínter se habían prevenido en Ostende, que es cinco leguas de la Inclusa, barcones y alguna artillería para que en carros se trujese al puesto por donde el ejército había de pasar el canal de la Inclusa para entrar en la isla, que también confina con el dicho canal, llegando al puesto de noche a un tiempo el ejército y las barcas, estando el Marqués sobre Jule [Jülich], le llegó á D. Íñigo de Borja orden para que fuese á la Inclusa [Sluis]; marchó la gente y se juntaron en una tarde los 10.000 hombres que estaban repartidos por diversos alojamientos en el país, en un campo delante de las puertas de Briejas [Brujas], la mejor gente que se podía escoger, todos soldados viejos, del tercio de D. Íñigo de Borja; el de Ballón [Paolo Baglione], de milaneses; el de Mos. de la Fontana [Paul Bernard de Fontaine], de valones, dos regimientos de alemanes, compañías de valones del país de Artois y seis compañías de irlandeses.

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Vlaamse Alarm, un mapa de 1621 que muestra la operación en una escala regional. Obra de Nicolaes van Geelkercken.

Para desgracia de Borja, a las tropas de Aguilar les aconteció un contratiempo que, como era corriente en esta clase de operaciones (lo vimos en la última entrada) retrasó toda la empresa y la condenó al fracaso. Según Gonzalo de Céspedes, Aguilar hizo marchar a sus hombres al cobijo de las dunas de la costa flamenca por el temor a que alguna nave de guerra holandesa los descubriese —aunque de que era de noche—, y al salir de Blankenberge un carro sufrió un accidente en la arena empantanada. Así lo cuenta Toral:

Aquella tarde marchó toda esta gente a la sorda para hallarse en el puesto señalado, a las doce de la noche, y a las mismas doce habían de estar los carros con los pontones y artillería que habían de venir de Ostende por la orilla de la mar; en el camino se le quebró a un carro en que venía un pontón una rueda, en el ínter que la buscaron y acomodaron en el carro, amaneció esperando los demás a que viniese éste con ellos; todos se detuvieron, el ejército llegó al puesto a donde se habia de pasar el canal para entrar en la isla de Casante [Cadzand], y a donde habían de estar esperando los carros a la una de la noche; y esperándolos, también amaneció.

Como no podía ser de otro modo, la concentración de un gran número de tropas españolas en las cercanías alertó a la guarnición de Sluis. Los Estados Generales y el príncipe de Orange ya sospechaban que los españoles planeaban una operación en la zona, pero no movieron ficha hasta que Soete de Hautain, gobernador de Sluis, los advirtió por carta de que los hombres de Borja, cuya operación resultó más exitosa que la de Aguilar, se habían apoderado de cuatro reductos entre Ijzendijke y el fuerte de Santa Catalina. Entonces los holandeses despacharon cinco compañías de infantería hacia Sluis vía marítima y comenzaron a fortificar la isla. Dice Toral:

Los de la Isla y barcos que andaban por la mar vieron el ejército que estaba hecho escuadrón a la orilla del canal. Conocieron el designio, acudieron al remedio fortificando la isla, que hasta este caso no habían hecho, guarneciéndola, no sirviendo tanto gasto y prevención y gente más de despertar a quien dormía. Viendo D. Íñigo que ya era entendido y que su interpresa, por ser de día y no haber venido los carros a tiempo, no tenía efecto, se retiró a ocupar algún puesto allí cerca en el ínter que se avisaba al Marqués [de Spinola] que enviase segunda orden de lo que se había de hacer.

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Ambrosio Spinola (en el caballo blanco) en La rendición de Juliers, cuadro de Jusepe Leonardo ubicado en el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro.

4. Del bloqueo: Ambrosio Spinola, informado en el campo sitiador frente a Jülich del fracaso de la ocupación de Cadzand, envió a Íñigo de Borja la orden de construir dos fuertes de primer orden junto al canal de Zwin para estorbar la entrada de navíos enemigos en el puerto de la ciudad, el modo más sencillo y rápido en el que los defensores de la plaza podían recibir refuerzos. Mientras, los holandeses comenzaron también las obras de un fuerte junto al canal, opuesto a los españoles, en Cadzand. Los duelos de artillería entre una y otra orilla fueron constantes en los nueve meses que duraron los trabajos. En esta ocasion, Toral fue nombrado cabo:

Llegó dentro de ocho días la orden del Marqués de que se tomase puesto a vista de la Inclusa y no se partiesen de él  sin haber hecho dos fuertes reales; uno a la orilla del canal, en lo más estrecho de ella, enfrente de la isla de Casante [Cadzand] con una buena batería que estorbase el poder entrar embarcaciones con socorro; otro en un dique con cuatro baluartes que le sujetase, tomando puesto en una pradería que estaba entre unos diques que detenían la creciente de la mar, un cuarto de legua de donde se habían de hacer los fuertes; acuartelóse el ejército, y en esta ocasión fui nombrado por cabo de seis soldados que me dieron de guarda para reconocer las fortificaciones de la Inclusa (cuyo reconocimiento tengo hecho bueno en mis servicios), fuese continuando el hacer los fuertes con dos balerías que tiraban a otro que el enemigo había hecho en la isla para que estorbase la labor de los fuertes que duraron nueve meses, que comprendieron todo el invierno, con los trabajos más notables que soldados han pasado en Flandes.

5. De los sufrimientos inimaginables: la construcción de los fuertes se extendió a lo largo del otoño y el invierno. No fue hasta abril de 1622 cuando estuvieron “en defensa”. Toral describe escenas muy duras en las que las tropas españolas, más que a los holandeses, sufrían a los elementos: las tempestades otoñales, el fuerte oleaje y las mareas del mar del Norte, el barro de los pantanos, y ya en invierno, el hielo y la nieve. Los fuertes prácticamente se convirtieron en islas en medio de bajíos a las que solo podía llegarse a través de diques estrechos azotados por fuertes vientos y lluvias.

Como los cuarteles estuvieron en hondo, entre diques, con las muchas lluvias y cursos de carros y gentes se hicieron unos lodazales, entre lodo y agua, que los hombres se metían hasta la rodilla y las cabalgaduras no podían salir. De estos cuarteles se iba por un dique a meter la guarda a los fuertes que se hacían; era poco más ancho que un carro, y por los lados tenía fosos de agua que henchía la marea; pues como por este dique se conduciesen todos los pertrechos y bastimentos y guarda a los fuertes, estaba tan malo que cuando llegaba la gente de desatacarse y de levantar y caer, la cara, manos y todo el cuerpo iban cubiertos de lodo y sin aliento ninguno, y si iban por las orillas del dique, tal vez resbalaban y daban en los fosos que estaban a los lados del dique con el peso de las armas; si era de noche, se ahogaban. Teniendo el enemigo noticia de estas cosas, las más de las noches nos tocaba arma; era necesario ir desde los cuarteles hasta los fuertes a la voz del arma.

Campamento Sas

El campamento español en Eeklo. Fragmento de un mapa de Abraham Vethoeven.

La mortandad entre las tropas que trabajaron en la construcción y defensa de los fuertes del Zwin fue elevadísima. Otras bajas no fueron mortales, pero sí permamentes; las de los soldados que sufrieron amputaciones de miembros congelados. Quienes aguantaron mejor el invierno fueron los que, junto a Íñigo de Borja, se acamparon en la tierra firme de Eeklo, al sureste de Sluis, donde contaban con la cercanía de la fortaleza del Saso de Gante para la protección de sus rutas de suministros. Toral no habla del abastecimiento en su autobiografía, pero cabe imaginar la carestía que sufrirían sus camaradas y él mismo. En los Comentarios de las cosas sucedidas en los Paises Baxos de Flandes desde el año de 1594 hasta el de 1598, el capitán Diego de Villalobos y Benavides describe la sed que en 1596, durante el asedio de Hulst, una ciudad en el estuario del Escalda, padecieron las tropas españolas sitiadoras: “ofrecióse a esta gente otra necesidad, que no tenían agua, y la que se bebía de algunas pozas era muy salobre”; y cuenta que por espacio de varios días substitieron “comiendo cangrejos cocidos con agua de la mar, y almejas, sin otra cosa ninguna, que a las menguantes se pescaban”. Toral sigue su relato:

La mitad de la gente por el dique que tengo dicho, en tiempo de invierno, con grandísimas tempestades de agua y nieve, de suerte que las más veces era ordinario, de cuatro o seis que iban de camarada, faltar uno, y vino a suceder en general; a la fin del invierno, que en las más de las barracas no había más que un soldado, habiendo en cada una seis o siete, y los fríos y hielos fueron tan grandes, que a muchos soldados cortaron los brazos y piernas, de helados. La gente, toda desnuda; los cuarteles inundados de agua, que no se podía salir de las barracas a la plaza de armas sin venir hechos un lodo.

En total, según los cálculos del propio Toral y del sargento mayor Pedro de Ocampo, del tercio de Íñigo de Borja, dejaron la vida en la empresa unos 7.000 hombres, casi tres cuartas partes de los que tomaron parte en la operación.

Estos trabajos apuraron la gente de tal suerte, que se hallaron por el mes de abril los fuertes en defensa, de 9.000 que entraron en el puesto se apuraron en 2.000, sin haber muerto el enemigo 60. Más lo aprieta en sus certificaciones el Maestre de campo D. Pedro de Ocampo, marino, que murió gobernador de Cádiz, que en esta ocasión era Sargento mayor del tercio de D. Íñigo de Borja, diciendo por palabras expresas, que los que se hallaron en hacer los fuertes de la canal de la Inclusa hicieron prueba de valientes y honrados soldados, pues de 9.000 se apuraron en 1.500.

Inbencion

Fruto de experiencias como la de Cadzand, Michael van Langren diseñó en 1634 un flotador destinado a las tropas españolas para vadear los canales flamencos.

6. Una dura crítica: Toral concluye su desapasionada narración de la empresa de Cadzand con una dura aunque velada crítica a los mandos españoles, que a nosotros puede servirnos perfectamente de conclusión para esta costosa y  malograda empresa:

Como he dicho, gobernaba D. Iñigo de Borja, y aunque era valiente soldado y entendido en el arte militar y discípulo de aquel famoso ingenio, Miguel Curieto [no he hallado referencias del personaje], se conoció con evidencia que aquella famosa ciencia del saber acuartelar un ejército, reconocer la calidad y circunstancias de un sitio, o para alojarse o dar batalla, según guerra ofensiva o defensiva, que tanto les importó el saberla a César en la Francia; a Carlos V en Alemania, con el de Lanzgrave y Sajonia; al duque de Alba en aquella famosa batalla que dio en los Estados de Flandes al conde Ludovico de Nasao, no la enseña Euclídes en su geometría, ni reglas, ni preceptos de famosos ingenieros, más un claro natural curtido en una larga experiencia de casos militares: si en esta parte se supiera esta ciencia, no se hubiera hecho yerro tan costoso y notable, pues fueron los fuertes mucha causa para que se consumiesen 7.500 hombres: estaban por mayor defensa los fuertes; el Marqués sacó la poca gente que habia quedado de aquel puesto y la llevó al sitio de Bergas.

FINIS

Bibliografía:

  • De Céspedes y Meneses, Gonzalo: Historia de don Felipe IIII, rey de las Españas. Barcelona: Sebastián de Cormellas, 1634.
  • De Guadalajara y Xavier, Marcos: Quinta parte de la Historia pontifical y catholica. Barcelona: Sebastián de Cormellas, 1630.
  • De Sallengre, Albert-Henri: Essai d’une histoire des Provinces-Unies, pour l’année 1621 où la trêve finit & la guerre recommença avec l’Espagne. La Haya: Thomas Johnson, 1728.
  • Toral y Valdés, Domingo: Relación de la vida del capitán Domingo de Toral y Valdés, escrita por el mismo capitán, en Colección de documentos inéditos para la historia de España, 71. Madrid: Miguel Ginesta, 1879.
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