Espías de fortalezas

Le Nain fragment

Le corps de garde (fragmento, Mathieu Le Nain).

Espía: “Persona que con disimulo y secreto observa o escucha lo que pasa, para comunicarlo a quien tiene interés en saberlo” (RAE). En la guerra siempre han existido los espías, ya en calidad de agentes secretos infiltrados en la corte, ya en la figura de aldeanos que pasan información sobre los movimientos de tropas más mundanos. En el siglo XVII los espías eran tenidos en consideración como piezas de suma importancia en los asedios de ciudades y fortalezas y, sobre todo, en las interpresas (o asaltos por sorpresa).

Pocas surpresas  tuvieron el desseado effecto sin alguna inteligencia para adquerir las noticias que hay de algun lugar por donde se puede entrar en la plaza sin ser sentidos

Alonso de Zepeda y Adrada, Epitome de la fortificación moderna, 1669.

¿Qué informaciones necesitaba saber un ejército antes de arriesgarse a asaltar por sorpesa una ciudad o fortaleza? Pues si los fosos estaban excavados en paralelo a la muralla, si estaban secos o llenos de agua, si había algún tramo de muralla en ruinas, una puerta mal tapiada, el grosor de los portones, si había puentes levadizos, si las puertas tenían reja, el número de soldados que formaban la guarnición, el número, la distribución y los turnos de los centinelas…

“Y el general no debe contentarse con la relacion sola de todo lo referido, aunque sea de persona fidelissima. Es necessario embiar algun inteligente dentro de la plaza, con aparente pretexto, o que disfrasado, o assentando plaza de soldado, pueda reconocer una y muchas veces el lugar mas proprio para executar la surpresa”

Alonso de Zepeda y Adrada.

No bastaba, para asegurar el éxito de una empresa, con el informe de algún villano o soldado enemigo que decidiese cambiar de bando, pues siempre cabía la posibilidad de que llevase un doble juego y acabase vendiendo a la guarnición enemiga las tropas que tomaban parte en el ataque. Era necesario introducir un espía de probada lealtad en la ciudad o fortaleza que el ejército sitiador tuviese a la mira. Dada la enorme complejidad que las defensas de las plazas alcanzaron en el siglo XVII, dicho espía tenía que ser forzosamente un experto:

“Las cosas que facilitan las facciones de interpresa son que diversas personas de las mas practicas de las materias de expugnacion y  fortificacion entren y salgan muchas veces en la plaza que pretendemos ganar, y reconozcan si tiene o no puente levadizos…”

Francisco Ventura de Sala, Despues de Dios la primera obligacion y glosa de ordenes militares, 1681.

En noviembre de 1582, el gobernador español de Frisia, Francisco Verdugo, envió una simple campesina a averiguar la profundidad del foso de Steenwijk para asegurarse de que era posible tomarla por escalada (trepando por las murallas con escalas de madera). Fue una audaz maniobra, como relata el propio Verdugo en su Comentario del coronel Francisco Verdugo de la guerra de Frisia en XIV años que fue Gobernador y Capitán general de quel Estado y Ejército por el Rey don Felipe II, Nuestro Señor:

Y aquí me dixo el Drosarte de Covorden que la villa de Steenvick estaba tan mal reparada que fácilmente se podia entrar en ella, dándole una escalada. Y siendo necesario ántes de intentarlo saber la hondura del foso (que el Drosarte no lo sabía), empleé una mujer, la cual yendo al rededor, desde el camino iba mirando que no la viesen, echando dentro su capelo como que el viento se le llevaba , y así entró y tomó la hondura que tenía sin ser vista, que no llegaba á la rodilla.

Francisco Verdugo.

Los holandeses se apoderan de Wesel en 1629 aprovechando un hueco en las defensas españolas del que sus espías les informaron puntualmente.

A media que, con la llegada del nuevo siglo, las fortificaciones fueron ensanchándose y las ciudades quedaron rodeadas de revellines, fosos y medias lunas, fue cada vez más inseguro fiar en campesinos el reconocimiento (casi siempre exterior) de las defensas de las plazas. Por ello los ejércitos comenzaron a enviar, como aconsejaba Francisco Ventura de Sala, ingenieros vestidos de paisano con instrumental para dibujar planos de las ciudades que reconocían. Aquí la intención no era tanto garantizar el éxito de una interpresa como la rapidez de un asedio. En ocasiones los espías se salían con la suya y regresaban a su campo con planos detallados. Otras veces, en cambio, eran descubiertos. En las relaciones de la época se conservan dos ejemplos muy cercanos en el espacio y el tiempo, y con distinto final.

En agosto de 1636, en el norte de Francia, los españoles emplearon un ingenioso truco para reconocer la ciudad de Corbie antes de sitiarla formalmente:

El Principe Thomas haviendo quitado este impedimento de la Villa d’Ancre, usó de un lindo estratagema antes de intentar el sitio de la dicha Villa de Corbié, y fué assi: Como un gran señor de Francia haviendo sido hallado herido á la muerte en el boque después del combate al passaje de la rivera Soma, el dicho Príncipe después de haverle hecho curar embióle á Corbié en una caroza, haciendo servir de carocer y de lacayo un Sargento mayor y un ingeniero, los dos vestidos de su librea, y assí el uno llevando la caroza y el otro sirviendo de lacayo, entraron fácilmente en la villa, reconoscieron las fortificaciones, el assiento, y las avenidas de la plaza, de lo qual hizieron relación de todo al Príncipe.

Juan Antonio Vincart, Relación de la campaña del año de 1636 dirigida a su majestad el rey don Felipe IV

En 1637 los franceses intentaron una estratagema similar en el condado de Hainault, pero fueron descubiertos y acabaron mal:

Fueron presos en la villa de San Ghelin dos franceses; el uno, ingeniero en traje de gentilhombre, y el otro seguía en traje de ser su criado; ya habían estado en Mons y tomado la medida de los fosos y de las murallas, y también habían ya sacado la planta de la villa de San Ghelin, cómo y en qué manera se podía hacer una plaza muy fuerte; pero quiso Dios que en la misma hostería en la cual estaban alojados estos franceses, vino á alojar el Teniente de la compañía del Vizconde de Langres, y que un villano, trayendo un saco de trigo para vender en la villa, conoció enta guía y lo fué á decir al dicho Teniente que ese hombre era de su lugar y servía de soldado al Rey de Francia; el Teniente luego los metió presos, y los envió á su General, el Conde Juan de Nasau, el cual dio luego cuenta della á S. A. y al Señor Príncipe Tomás, el cual les mandó llevar á Vilvorde, adonde confesaron el designio de los franceses; y al uno fué cortada la cabeza y el otro fué ahorcado.

Juan Antonio Vincart, Relación de la campaña del año de 1637 dirigida a su majestad el rey don Felipe IV

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Un comentario

  1. […] eran operaciones de gran complejidad y muy difíciles de llevar a buen término. Ya vimos, en una entrada anterior sobre espías, que la información que el atacante necesitaba conocer sobre la plaza que se disponía a tomar era […]

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