Una bravata de Johann von Werth

Johann von Werth (Grabado de Jode Schulpeit).

Según el célebre dramaturgo alemán Friedrich Schiller, que además de autor de varias obras de teatro sobre Albrecht von Wallenstein, fue historiador de la Guerra de los Treinta Años, “el guerrero más notable del siglo XVII y el líder más formidable en el bando de la Liga [Católica]” fue un tal Johann von Werth. El novelista Hans Grimmelshausen, padre de la novela alemana que también fue soldado en la Guerra de los 30 Años, cuando acaba de relatar en su fabulosa novela El aventurero Simplicissimus como el personaje protagonista, valiéndose de su astucia, captura 100 prisioneros enemigos, pone en boca de uno de sus hombres -¡Este llegará a ser un nuevo Juan de Werth! Hay que decir aquí que Juan de Werth, Johann von Werth, fue un simple campesino, probablemente nacido en Westfalia, que se convirtió en el mejor general de caballería de toda la guerra.

Johann von Werth

Werth combatió en las banderas de Ambrosio Espínola durante la Guerra de sucesión de Juliers-Cléveris; participó en 1620 en la batalla de la Montaña Blanca, en el asedio de Juliers en 1621, y luego sirvió bajo las órdenes de Tilly hasta 1631. Werth se labró en aquellos años una reputación de hombre feroz que podía aparecer donde sus enemigos menos esperaban en el momentos más inoportuno. Si bien Werth nunca destacó como estratega, fue un arma poderosa en manos de los jefes que supieron emplearlo bien, como Ottavio Piccolomini o el lorenés al servicio de Baviera Franz von Mercy. Werth solía ejecutar golpes de mano sorpresivos y brutales, como el de Dachau en 1648, que descabezó el estado mayor del ejército franco-sueco en Baviera, o el de Tuttlingen, en 1643, que permitió a Von Mercy destruir un ejército francés de 17.000 efectivos.

Según el dramaturgo e historiador Friedrich Schiller, Werth fue el guerrero más notable del siglo XVII

Werth también peló junto a los españoles, no solo como soldado en tiempos de Espínola, sino como general, durante la invasión de Francia en 1636. Como general al mando de los regimientos de la Liga Católica, Werth tuvo un papel destacado en el operativo que concluyó con la conquista de la ciudad de Corbie, sobre el río Somme, en agosto de 1636. La invasión se estancó entonces, y Francia tomó la iniciativa: Luis XIII, su hermano el duque de Orleans y el cardenal Richelieu se pusieron el frente de un ejército que avanzó hasta sitiar a los españoles en Corbie. Mientras una epidemia de cólera diezmaba a los españoles en sus cuarteles de Arras y a los franceses en sus cuarteles en torno a Corbie, el Cardenal Infante Fernando decidió “honar” a Werth con la orden de hacer una visita nocturna a uno de los cuarteles de la caballería francesa.

Golpe de mano contra Bernardo de Saxe-Weimar

Bernardo de Saxe-Weimar (Grabado de Pierre Daret).

El secretario de los Avisos de la Guerra, Juan Antonio Vincart relata el suceso al por mayor: el 4 de octubre, al caer la noche, Werth salió silenciosamente en busca de los galos con 2 regimientos de caballería y uno de dragones. Werth envió una pequeña partida de soldados a “tomar lengua”, o sea a tomar algunos prisioneros dispuestos a cantar. Le trajeron 9, de los cuales uno, suizo, se avino a llevar a Werth y sus tropas hasta el cuartel del príncipe Bernardo de Saxe-Weimar, donde este antiguo general de Gustavo Adolfo de Suecia, ahora al servicio de Francia, tenía 5 regimientos de caballería y uno de dragones. Tres eran alemanes: el propio regimiento de Bernanrdo, y los de los coroneles Enchevelt y Celler. Luego estaban el de Gassion (sueco) y los franceses de Baugy y Michel.

El cuartel estaba situado en el pueblo de Montigny, entre Corbie y Amiens. Mientras Werth y su gente se aproximaban guiados por el suizo, el príncipe Bernardo se disponía a celebrar banquete con sus oficiales, al que asistiría como invitado el duque Eberhard de Württemberg. Mientras aguardaban a que la cena estuviese servida, el coronel Enchevelt llevó de caza al anfitrión. Durante la montería, uno de los guardias a caballo de su escolta les advirtió que había visto siete tropas de caballería, sin saber si eran francesas o enemigas. Confiado, Enchevelt le respondió tenían que ser franceses, porque los españoles estaban a más de 20 legua, en Arras, y que un enemigo que huía no podía rondar tan cerca. De modo que la cacería continuó sin más interrupción.

¿Qué hablan de Juan de Werth? ¿Qué es lo que ha hecho en su vida?“, exclamó el coronel Gassion antes del ataque

Ya en el banquete, sentados el duque y los coroneles de Weimar a la mesa del príncipe, salió a relucir el aviso del batidor, y alguien comentó que si aquellos eran enemigos, tenían que ser tropas de Johann von Werth, que bien podía darles algún susto. El coronel Enchevelt se dispuso a ordenar a sus trompetas que tocaran “a caballo”, pero el coronel Gassion lo contuvo. “¿Qué hablan de Juan de Werth? ¿Qué es lo que ha hecho en su vida?“, dijo. Otro de los presentes le respondió: “A fe mía que es bravo soldado, quiero beber a su salud“. Con que, después de haber comido y bebido a la alemana, se fueron todos a dormir a la francesa, o sea desnudos entre dos sábanas. Entonces llegó Werth…

El duque Eberhard III de Württemberg (Anónimo, siglo XVII).

El ataque al cuartel fue del siguiente modo: 8 soldados escogidos de cada compañía y el regimiento completo de dragones (unos 800 hombres) entraron en el pueblo a saco, con orden de matar, quemar y saquear. Burlaron al centinela haciándose pasar por amigos, y cayeron sobre la compañía de guardia, destrozándola. Mientras, el grueso de la fuerza formó en escuadrones con el propio Werth al frente, ante la entrada del pueblo. En el interior, los 800 escogidos sembraron el pánico, matando y degollando sin misericordia a su paso, no dando tiempo a los hombres de Weimar a reaccionar. Tras pasar dos o tres veces de un lado a otro repartiendo estocadas, echaron mano de sus antorchas y prendieron fuego al cuartel por los cuatro costados. El duque de Württemberg escapó en camisa de dormir a través de una cienaga, con las piernas hundidas en el cieno hasta la rodilla.

El duque de Württemberg escapó en camisa de dormir a través de una cienaga

Werth y sus hombres se apoderaron de todo el bagaje, más de 1.000 caballos e incontables armas. Tras esperar una hora por si otras tropas galas acudían en auxilio de los vencidos, cosa que no sucedió pese a que el fuego podía verlo el propio Luis XIII desde Amiens,  Werth y los suyos regresaron al territorio español. El temible general presentó 5 estandartes al Cardenal Infante (otros 12 se quemaron), que don Fernando le retribuyó con una recompensa de 6.000 escudos. Furioso por el lamentable papel de sus regimientos alemanes y suecos, veteranos de las campañas de Gustavo Adolfo, el rey de Francia ordenó levantar fortificaciones entorno a Corbie para evitar nuevas visitas del terrible Johann von Werth y sus feroces soldados.

Fuente:

  • Vincart, Juan Antonio: Relación de la campaña de Flandes en 1636, en Colección de Documentos Inéditos para la historia de España. Tomo LIX. Madrid: Miguel Salvá y el Marqués de Fuensanta del Valle, 1873.
Anuncios

Un comentario

  1. […] sueco muchas veces pero formado por soldados alemanes, sufrió una desagradable sorpresa, como ya vimos, a manos de Johann von Werth cerca de Amiens, en 1636. Gassion estuvo cerca de perder la vida, pero […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: