Los dragones: ¿infantería a caballo, o caballería desmontada?

Charles de Cossé, mariscal de Brissac y creador de los dragones (Kunsthistorisches Museum, Viena).

Los dragones parecen tener su origen en Francia a mediados del siglo XVI, siendo su creador Charles de Cossé, mariscal de Brissac. En 1554 este militar francés creó las primeras compañías de dragones, que no comenzaron a organizarse en regimientos hasta 1635. La naturaleza de estos dragones es muy discutible. “El uso de los arcabuceros a caballo fue inventado de los franceses en las últimas guerras del Piamonte; y llamaronles dragones, cuyo nombre todavía les dura entre ellos” –explica Ludovico Melzi en sus Reglas militares sobre el govierno y servicio particular de la cavalleria–. El italiano Melzi (en 1611) no es el único que mezcla o confunde dragones, esto es, soldados que se desplazan a caballo pero que combaten generalmente a pie, con arcabuceros a caballo, que luchan siempre montados. La denominación indistinta de arcabuceros a caballo y dragones para el mismo tipo de soldado es una constante para los primigenios dragones franceses, incluso entre autores de esta nacionalidad.

La denominación indistinta de arcabucero a caballo y dragón para el mismo tipo de soldado fue, en sus inicios, una constante

Carlos Coloma, si bien en su obra Las Guerras de los Estados Baxos desde el año de mil y quinientos ochenta y ocho hasta el de mil y quinientos nouenta y nueue distingue claramente entre arcabuceros a caballo y dragones, refiriéndose a estos acertadamente como “mosqueteros en rocines, aparejados a apearse en la ocasión, y defender promptamente un passo, haziendo oficio de infantes“, los llama también argolets; término francés muy impreciso, a veces usado como sinónimo de arcabucero a caballo, o incluso de reiter o herreruelo. Pero la gran incógnita es, ¿por qué surge el dragón?… José Almirante y Torroella, en su Diccionario Militar, ofrece una interesante hipótesis. Explica que los dragones nacieron como una suerte de infantería montada capaz de ofrecer apoyo a la caballería pesada francesa contra la superior infantería española: “La idea, sea de Brisac ó de quien fuere, es obvia. Montar á los Arcabuceros y Mosqueteros en malos caballejos y rocines de vil precio, que pudiesen abandonarse y perderse sin gran sentimiento en el campo de batalla“.

Carácter del dragón

El piquero dragón y el mosquetero dragón, con sus respectivas armas, la pica y el mosquete (grabado perteneciente a Kriegskunst zu Pferdt, de Johann Jacob von Wallhausen).

Para cuando Coloma escribió su obra, que vio la luz por primera vez en 1622, parece seguro que el concepto de dragón como soldado que se deplaza a caballo y que combate a pie estaba ya asentado, aunque no libre de confusiones. El influyente soldado y tratadista alemán Johann Jacob von Wallhausen, en su manual Kriegskunst zu Pferdt sobre el manejo y la organziación de la caballería, de 1616, se refiere a los dragones como “infantería montada a caballo“. Wallhausen, cuya visión condicionó la de, entre otros, Gustavo Adolfo de Suecia, considera necesario que, “para ciertos cometidos, la infantería, o parte de ella, monte a caballo con sus armas, siguiendo pronta y repentinamente a la caballería“. Veterano del ejército holandés en tiempos de Mauricio de Nassau, este autor ofrece algunas claves sobre el concepto de dragón que acabaría cuajando en las décadas venideras: “son propicios –escribe– para empresas de toda clase, principalmente cuando se trata de escalar o sorprender súbitamente algún fuerte, o de tomar alguna puerta, u otras proezas propias de la infantería“. A lo que cabe añadir tareas más mundanas, como la escolta de convoyes y el reconocimiento del terreno.

Los dragones solían combatir a pie, pero podían hacerlo a caballo si las cincunstancias lo requerían

Los dragones resultaron, asimismo, de gran utilidad para combatir guerrillas y unidades irregulares, como los migueletes catalanes en la Guerra de los Segadores: “sin duda tendremos la campaña más segura y desembaraçada con estos dragones –escribió cierto oficial de intendencia español a finales de 1641–, y para la prosecución de esta guerra combendrá mucho aya buen golpe de ellos porqué como la tierra es tan áspera, obrarán en todas las partes donde no puede obrar la cavalleria y tendrán siempre la retirada más fáçil y segura y el enemigo a de estar siempre en continuo desuelo“. Lo cual no quita que, en caso de necesidad, los dragones pudieran combatir a lomos de sus monturas. “Aunque no sea el intento que estos dragones peleen a caballo –dice el valón Charles de Bonnières, antiguo capitán de caballos, en Arte militar deducida de sus principios fundamentales (1644)–, no pueden escusar de no hacerlo algunas veces, en ocasión de retiradas, o dando caza al enemigo roto“.

Armamento y equipo

Wallhausen establece, al respecto del armamento y la montura del dragón, que “sus armas son el mosquete o la pica, y tienen el más chico caballo que se puede, y que tampoco es de muy gran precio; de suerte que si hay necesidad de echar pie a tierra y dejarle, no sea grande la pérdida“. En cuanto al armamento defensivo –la armadura–, “no llevaran botas ni espuelas, porque servirian mas de daño que de provecho“, asegura. Los grabados que acompañan el texto de su obra muestran que, como mucho, los dragones de su época se cubrían la cabeza con un morrión y vestían un coleto de cuero. Mención aparte merece la ecléctica idea de armar dragones con picas, o mejor dicho, de montar piqueros con peto, espaldar, morrión y escarcelas a caballo. El propio Wallhausen reconoce que es aparatoso, y de hecho nunca llegó a llevarse a cabo. Bonnières, por su parte, arma a los dragones con mosquetes ligeros o arcabuces de cuerda (que no de rueda) –más pesados que las carabinas que se imponían por entonces en la caballería–, y añade que no llevaban armadura alguna. Seguramente dispondrían también de una espada, y quizás de un par de pistolas. Un aspecto a mencionar sobre el arcabuz es que lo llevaban cruzado a la espalda, a diferencia del arcabucero a caballo, que lo llevaba sobre la pierna, sujeto a la bandolera, para poder echar mano de él rápidamente.

Dragones en el ejército español

Pedro de Santacilia, gobernador de la caballería de dragones de España (anónimo, ayuntamiento de Orihuela).

Contrariamente a lo que afirman algunos autores, las primeras unidades de dragones del ejército español no fueron formadas bajo la égida del coronel Pedro de la Puente en 1635, sino un año antes, en la ciudad tirolesa de Innsbruck, y a las órdenes del temido capitán mallorquín Pedro de Santacilia. El Cardenal-Infante Fernando de Austria, acuartelado en aquella ciudad el mes de agosto de 1634, durante su viaje a los Países Bajos, decidió dotar de monturas a 500 de sus infantes, que formaron así cinco compañías de dragones. Según parece, a sus capitanes se les dieron patentes de capitanes de arcabuceros a caballo, una práctica que acabó siendo la regla para los capitanes de dragones, y que trajo muchos quebraderos de cabeza. Aunque no formaban un regimiento como tal, estos 500 hombres servían de forma conjunta bajo el mando de Pedro de Santacilia, a cuyas órdenes tomaron parte en la defensa de la colina de Haselberg frente a los suecos la tarde previa a la batalla de Nördlingen. El “regimiento” fue disuelto en 1635 al llegar a Bruselas el Cardenal-Infante.

La primera unidad española de dragones se creó en Innsbruck en agosto de 1634

El uso de dragones pronto se generalizó, y en 1637 se dio patente de coronel de un regimiento de dragones, esta vez sí, a Pedro de la Puente. A Santacilia se le encargó, en 1640, la tarea de crear en España un cuerpo de caballería de dragones, del que fue nombrado gobernador general. Estas tropas prestaron importantes servicios en la Guerra de Cataluña, como se ha mencionado anteriormente, pero no a las órdenes de Santacilia, sino bajo el mando de Antonio Pellicer de Ossau Salas y Tovar.  En marzo de 1642 los dragones españoles sufrieron un terrible revés a manos del ejército franco-catalán en el intento del marqués del Pobar de socorrer la sitiada Perpiñán atravesando Cataluña con una fuerza de caballería, dragones e infantería montada a lomos de mulas. La fuerza entera fue apresada, incluidos 1.500 dragones. En noviembre de 1643, el ejército de campaña español en Cataluña apenas tenía 300 de estos solados, y cuando el apresado Pellicer fue canjeado en 1644, pronto se lo llamó a Zaragoza para encargarse de restablecer el cuerpo. En Flandes, al contrario que en Cataluña e Italia, no hubo dragones hasta la más tardía fecha de 1673.

Bibliografía:

  • Von Wallhausen, Johann Jacob: Art militaire à cheval. Amsterdam: Jan Jansson, 1635.
  • Bonnières, Charles de (Barón de Auchy): Arte militar deducida de sus principios fundamentales. Zaragoza: en el Hospital Real, i General de Nuestra Señora de Gracia, 1644.
  • Melzi, Ludovico: Reglas militares sobre el govierno y servicio particular de la cavalleria. Milán: Juan Bautista Bidelo, 1619.
  • Sotto, Serafín María de (Conde de Clonard): Historia orgánica de las armas de infantería y caballería. Volumen 4. Madrid: Imp. del Boletín de Jurisprudencia, 1853.
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3 comentarios

  1. Muy interessante, Àlex! Partculamente lo que tu has dicho sobre Pedro de Santacilia!

    Cheers,
    Aat

  2. […] de que hai una Compañía en cada batallón de infantería, y tambien los hai en los Regimientos de Dragones. Suelen escogerlos para estas Compañías de las demás, y tienen esta preeminencia los […]

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