Los feroces mercenarios croatas

Los temidos mercenarios croatas de caballería ligera, curtidos en las intermitentes guerras fronterizas contra los turcos otomanos en su país de origen, fueron sin duda los mercenarios más famosos al servicio de la Casa de Habsburgo en la época de la Guerra de los 30 Años. El conde de Tilly y Albrecht von Wallenstein emplearon numerosas unidades de caballería croata en sus campañas, junto con otras tropas de caballería irregular oriental, tales como cosacos, polacos y húngaros. Así, por ejemplo, cinco escuadrones de jinetes croatas formaron parte del ala derecha imperial en Breitenfeld, que causó una terrible sangría al ejército sajón antes de sucumbir a la maniobra envolvente de Gustavo Adolfo. También tomaron parte, los regimientos croatas del emperador, en las batallas de Lützen y Nördlingen. Su comandante fue, en las tres ocasiones, Giovanni Ludovico Isolani, o Isolano, general italiano de origen chipriota que servía al Imperio desde la Larga Guerra en Hungría.

Tilly y Wallenstein emplearon en sus campañas caballería croata, cosaca, polaca y húngara

El conde Giovanni Ludovico de Isolani, vestido a la croata (Gaspar de Cayer).

Aunque es mucho menos conocido, también los Habsburgos españoles utilizaron los servicios de mercenarios croatas en sus guerras del siglo XVII. Ya vimos en la entrada sobre el cruce del IJssel que Lucas Cairo tenía 300 croatas entre sus hombres. Pero el uso de estas tropas en las armas españolas no se generalizó sino hasta 1635, precisamente merced de los croatas del conde de Isolano, que llegaron a Flandes el verano de ese año como parte de un ejército imperial que colaboró con las tropas españolas en la expulsión del ejército franco-holandés que invadía la provincia. Noticiosos de la presencia de feroces croatas en el ejército imperial, referían los padres jesuitas que, “sabiendo que venía Piccolomini con el socorro de Alemania, que son 14,000 infantes y 13,000 caballos, y entre ellos 4,000 croatos que son otros tantos demonios, tuvieron por bien [franceses y holandeses ] de comenzar á retirarse“.  Según el alférez Diego de Luna y Mora, autor de una relación de aquella campaña, los jinetes croatas hostigaron a las tropas francesas y holandesas que se retiraban hacia Roermond, matándoles 500 o 600 hombres y tomando 200 carros de bagaje y no pocos caballos.

Correrías y saqueos

Los regimientos croatas de Isolano se afincaron en la isla de Stevensweert, en el curso del Mosa, como parte de un cuerpo de tropas al mando del Duque de Lerma, destinado a vigilar a los franco-holandeses en Roermond e “impedir con correrías el forrajear y refrescar su caballería […] siendo muy á propósito para esto la caballería crovata, suelta al acometer; y porque nunca se retiran en orden, raras veces son ofendidos en grueso, salvo si dan en emboscada“. Esta clase de acciones pueden parecer poco importantes, pero solían dar grandes frutos si se ejecutaban con regularidad. Lorenzo de Cevallos y Arce, alférez reformado y testigo de las campañas en la frontera francesa de 1637 a 1640, menciona en sus escritos que, en agosto de 1638, “los corvatos que hacían cada dia emboscadas para embarazar á los forrajeadodores, tuvieron un dia una tan buena suerte, que cogieron más de 300 caballos y 80 prisioneros, y un Alférez de caballería“.

Raras veces son ofendidos en grueso [los croatas], salvo si dan en emboscada

En noviembre de aquel mismo año de 1635, el Cardenal Infante Fernando envió la mitad de los regimientos croatas al condado de Artois, donde se pusieron bajo el mando del barón de Balançon, quien se valió de su movilidad y experiencia para realizar incursiones de destrucción y saqueo en el país vecino –Francia–. Menciona Diego de Luna y Mora que los croatas “hicieron grandes entradas en Francia, quemaron los burgos de la Cápela y muchos casares, corriendo hasta Bolonia y cerca de Amiens, robando innumerable ganado mayor y menor, haciendo muchos prisioneros, y trayéndolo todo á nuestras fronteras“. La zona de La Capelle tuvo un breve respiro al ser conquistada en 1636 por los españoles, pero recobrada de nuevo por los franceses, los croatas asolaron de nuevo sus alrededores.

Los jinetes de la derecha en este cuadro del flamenco Pieter Snayers son, con toda seguridad, croatas.

Con igual rigor y apetito que si campearan en Alemania se aplicaron los experimentados saqueadores croatas cuando los ejércitos coaligados de España, el Imperio y la Liga Católica invadieron el norte de Francia. Escribió un padre jesuíta en mayo de 1636 que “los polacos [enviados por el rey Vladislao Vasa] entraron hasta 13 leguas de París, juntamente con los croatas; quemaron 63 pueblos, cogieron grande cantidad de prisioneros utriusque sexus, mucha cantidad de ganado mayor y menor, y robaron á su satisfacción“. Puede decirse, en resumen, que los jinetes croatas, merced de sus caballos ligeros, eran el tipo de tropas ideales para hacer correrías. Pero ya es hora de conocer a la clase de soldados que se ocultaban bajo la denominación de croatas, y qué mejor que hacerlo con un curioso suceso particular, que expongo a continuación tal y como lo narró en 1637 el padre Arriaga de la Compañía de Jesús:

Un caso gracioso contaré que sucedió ahora; tenemos, en nuestro ejército muchos croatas, que son caballería lijera, ágiles y animosos, armados con unos alfanjes que cortan cadenas de hierro: estos hicieron gran daño en Francia y en su ejército. Sentían los franceses que gente á su parecer tan vil (porque no traen otro vestido que una manta) les diesen tanto en qué entender. Enviaron un trompeta á desafiar 15 de ellos contra 15 franceses, y que llevasen no mas que las armas que traian y con 100 padrinos de cada parte. Salieron , y apenas se dio la señal de acometimiento, cuando los 15 croatas con tanta presteza dieron sobre los franceses, que antes que pudieran revolverse los hicieron á todos pedazos y á los caballos hechos tajadas, sin quedar herido ninguno de los croatas. Los padrinos franceses huyeron, nuestros combatientes tomaron las 15 cabezas, y atándolas á las colas de los caballos, volvieron triunfando á los reales.

Estos croatas supieron que en una ciudad vecina habia grandes ferias, y esperando comodidad , de repente la acometieron, y entrando en la plaza cautivaron cuantos mercaderes habia; robaron las ferias y ganado sin número, y lo llevaron á nuestro ejército, trayendo á las ancas de cada caballo, una oveja viva y otra muerta. Son estos catolicísimos; su tierra es entre Hungría y Macedonia, confinando con los turcos, y pelean de bonísima gana con los herejes.

Los croatas en la batalla

Jinete ligero croata, inusualmente limpio, circa. 1645 (V. Vuksic).

La mayoría de los militares de la época, así como los historiadores modernos, coinciden en señalar que los jinetes croatas eran tropas de poca utilidad en la batalla, por su indisciplina y su debilidad –no llevaban ninguna armadura–. Sin embargo, cuando podían, solían intervenir tanto al principio como al final de cada acción. Para ilustrarlo, tomo el ejemplo de la batalla de Honnecourt de 1642, donde el ejército español, mandado por Francisco de Melo, derrotó al francés del conde de Guiche. Antes de comenzar el combate, los croatas ejercen la doble función de batidores y escaramuzadores: “se fué solo [el conde de Villabla] á reconocer las fortificaciones del enemigo al calor de algunas tropas croatas que andaban ya escaramuzando, y volvió asegurando que no solo no se retiraban sino que puestos en batallones nos aguardaban…” Lo que sucedió a continuación es sobradamente conocido: el ejército español asaltó las fortificaciones francesas y, tras quebrantar la dura resistencia de los regimientos de Giche, diezmó a los pocos franceses que aún resistían.

A las seis de la tarde quedaron las armas de S.M. superiores á las de Francia, estos ejércitos dueños de la campaña, y el que mandaba el conde de Guiche, que constaba de 12,000 hombres, deshecho, muertos en la plaza y ahogados en la ribera de Escalda y presos casi todos, menos algunas tropas de caballería que se pudieron salvar pasando el puente, y que fueron siguiendo nuestros croatas y alguna caballería.

Los jinetes croatas, pues, intervinieron en la persecución de los franceses fugitivos, como solían hacer después de cada victoria. En Nördlingen llegaron a perseguir a los alemanes y suecos desbandados por espacio de cinco leguas, sin mostrarse demasiado piadosos. Como última nota respecto a Honnecourt, cabe mencionar que la mayor parte de los caballos del tren de artillería y de los numerosos carros de bagajes fueron repartidos entre los croatas. Evidentemente, considerándolos los mandos españoles tropas de segunda línea, recibían las peores monturas. El peor defecto de los croatas, con todo, era probablemente su indisciplina, no solo en el campo de batalla, sino también fuera de él. Estas tropas podían detenerse para saquear en el momento crucial de la batalla, o también podían emborracharse en sus cuarteles, centinelas incluidos, a dos tiros de mosquete del enemigo.

El defecto de los croatas era su indisciplina, no solo en el campo de batalla, sino también fuera de él

Los regimientos croatas de Ludovico y Forgach recibieron algo de su propia medicina en agosto de 1639. Monsieur de Beaumont, un caballero valón que se había pasado al bando francés, advirtió al general La Meillaraye de que los croatas dormían a pierna suelta y con poca guardia, y lo convenció de que sería fácil tomarlos por sorpresa y desbaratarlos.  La Meillaraye accedió, y la noche del 23 de agosto atacó el cuartel de los croatas con un buen golpe de caballería escogida. Los croatas dormían desprevenidos con “sus amigas”, y no pudieron oponer una resistencia efectiva. El regimiento de Forgach fue destruido. En cuanto al de Ludovico, fue más afortunado, pues pudo salvar su bagaje y escapar más o menos indemnde, tras cubrir su huida una compañía desmontada a la que los franceses no dieron cuartel. Los croatas, que también eran suscetibles a padecer emboscadas y ataques inesperados, siguieron presentes en Flandes al menos hasta la Guerra de Devolución, en 1667 y 1668, aunque para entonces muchos de los hombres que integraban estas unidades no era croatas propiamente, sino alemanes organizados como tales.

Fuentes:

  • Relaciones de las campañas de Flandes de 1635 y de 1637 a 1640, en Real Academia de la Historia: Colección de libros españoles raros ó curiosos, Tomo XIV. Madrid: Miguel Ginesta, 1880.
  • Cartas de algunos pp. de la Compañía de Jesus entre los años de 1634 y 1648, en Real Academia de la Historia: Memorial Histórico Español, Tomos XIV a XIX. Madrid: Imprenta Nacional, 1862-1865.
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4 comentarios

  1. Carlos Valenzuela · · Responder

    Muy interesante. Y muy bien redactado, por cierto.

  2. Un artículo muy interesante sobre unas tropas bastante desconocidas. Muy acertado elegir fuentes para exponer el artículo.

  3. Tremendos y aguerridos los croatas, del mismo linaje de los caballeros sármatas de la antiguedad, han participado como mercenarios en casi todas las guerras europeas, incluso en segunda guerra mundial..

  4. En 1661 quedaba un único regimiento croata con 243 componentes, aunque ya un buen número eran alemanes

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